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Las Lágrimas del Sol

Cuenta la leyenda que, llegando un atardecer, el sol languidecía entristecido por tener que dejar de ver la belleza de Granada. Y cuentan los relatos que al ver su tristeza, un poeta que paseaba por la Alhambra decidió escribirle unas palabras sobre su reflejo en las aguas de una fuente.

‘No te entristezca que el tiempo te ciegue. Porque la futilidad de la belleza, es lo que hace que ésta sea. Descansa tranquilo, porque ese mismo tiempo, que ahora te nubla la vista de la belleza de Granada, será quien te premie con nuevas ocasiones para vivirla de nuevo’.

Y ocurrió que el sol, emocionado, derramó unas lágrimas sobre el agua de dicha fuente, adquiriendo ésta un brillo especial que resplandecía entre las sombras del atardecer en la Alhambra.

El poeta, asombrado por lo que estaba aconteciendo, fue a por una tinaja para recoger aquel milagro y, una vez llena, la llevó hasta su casa para conservarla.

Fue allí, guardada en sus sótanos, donde descubrió que cada atardecer, cuando el sol se escondía en el horizonte, el agua brillaba iluminando la estancia. Un brillo único y arrebatador, que se repetía de forma exacta.

Nunca lo contó a nadie, sabedor de que si descubría el milagro, se rompería ese mágico momento en el que el sol comprendió el carácter mortal de la belleza y asumió con pesar que sólo el rastro de su esencia es lo que prevalece en el recuerdo.

Todavía hoy, son muchos los que buscan la que terminó siendo conocida como ‘Tinaja de las lágrimas’, pues extendida es la creencia de que su agua protege la belleza y la memoria de quienes la beben.

Historia de ficción o realidad, la leyenda nos da una hermosa lección sobre la volatilidad de la belleza. Y todavía hoy, cada atardecer en la Alhambra, son muchos los que suspiran aliviados, sabedores de que tanta belleza siempre descansará alojada en su recuerdo.